Tartessos

A comienzos del I milenio a.n.e. se registró en gran parte de Andalucía Occidental una gran eclosión poblacional, manifestada en la fundación de nuevos enclaves sobre las fértiles tierras del Valle del Guadalquivir y sus afluentes. Estas comunidades se asentaron preferentemente en lugares idóneos para ejercer el control territorial; sus poblados estaban formados por cabañas circulares, construidas con un zócalo de piedras con paredes de tapial o barro y una techumbre de ramajes. La uniformidad en sus manifestaciones culturales es también muy significativa: son la conformación inicial de Tartessos.

Hacia el siglo VIII a.n.e. se produjo una verdadera revolución en estos asentamientos. Desde hacía no demasiado tiempo, los fenicios habían fundado una red de factorías en la costa mediterránea andaluza y en Cádiz. Los procesos coloniales, que en principio parecían destinados a la organización de intercambios con las élites locales a cambio de mantener el control político y territorial, derivaron con el tiempo en un sistema en que los propios colonos terminaron por asentarse en los poblados indígenas, un hecho que llevó a una profunda transformación social y económica debida a las numerosas innovaciones introducidas por estos viajeros: la utilización del torno en la fabricación de cerámica, la escritura, el hierro, el olivo, la vid… También la propia concepción urbanística de los asentamientos se vio alterada: a partir de entonces las viviendas y espacios públicos se conformaron en espacios ortogonales, con casas rectangulares delimitadas por paredes de adobes sobre zócalo de piedras y cubiertas de madera.

Las primeras noticias sobre el yacimiento situado en el cerro de San Cristóbal proceden del año 1975, aunque no sería hasta 1993 cuando las excavaciones arqueológicas pusieron al descubierto la secuencia de habitación desde el Bronce Final hasta el siglo V a.n.e. Posteriores intervenciones, en 1997 y 2005, volvieron a constatar la importancia del asentamiento, con una vigencia ininterrumpida durante toda la Protohistoria y con manifestaciones urbanísticas que incluyen al menos seis fases constructivas en las que se documentan murallas y espacios públicos y privados junto a una gran diversidad de producciones cerámicas.

La Estepa tartésica debe enmarcarse, pues, entre las comunidades que durante el I milenio a.n.e. formaron parte de un amplio sistema basado en la explotación de los recursos agrícolas y en su situación estratégica. Desplazada ligeramente de lo que fuera el núcleo central de Tartessos en el Bajo Guadalquivir y la provincia onubense, su posición fue, sin embargo, fundamental para controlar los pasos que a través de los sistemas béticos, del valle del Guadalhorce y la depresión de Antequera, conducían hacia las colonias costeras de Málaga y Granada. En su entorno cercano se conocen otros establecimientos que formarían parte de su área influencia económica y política: Alhonoz en Herrera, los Castellares en Puente Genil, Granados en El Rubio y Cerro Gordo en Gilena.