Recursos Naturales

Cuando se atraviesa la Comarca de Estepa por la A-92, la imagen que percibe el viajero es la de una zona monopaisaje, un mar de olivos a ambos márgenes de la autovía. Pero frente a esta primera percepción la realidad es bien distinta. El paisaje estepeño reserva agradables sorpresas para el amante de la naturaleza y es una oportunidad para perderse y descubrir la riqueza natural de este territorio. La localización de Estepa en una zona de transición entre la sierra y la vega del Genil da origen a una gran diversidad de paisajes. La sierra; el piedemonte y ojos, las herrizas y olivar; la campiña; y el río Genil son distintas unidades paisjísticas, con personalidad propia, donde a pesar de la intervención humana se configuran espacios de enorme interés y de gran calidad ambiental.

 

 

La sierra de Estepa, está declarada Complejo Serrano de Interés Ambiental. Tiene casi 850 metros y es la cota más elevada del término municipal de Estepa y su comarca.

Esta Sierra ofrece un importante número de caminos donde el senderista puede adentrarse y realizar distintas actividades, desde la recolección de espárragos o esparto a contemplar paisajes de un alto interés etnográfico.

En cuanto a la vegetación se pueden encontrar entre otras las uñas de gato, la hierba de la Lucía, el espino negro, espliego, etc, y en lo referente a la fauna, se puede observar en este entorno la perdiz roja, el buitre leonado, el cernícalo primilla y el búho real, entre otros.

Dirección: Ctra. Becerrero

 

Se sitúa a unos 3 kilómetros de Estepa, en dirección a El Rubio y fueron unas antiguas canteras en época romana y medieval.

Estas canteras fueron aprovechadas para extraer grandes piedras usadas para molinos y lagares, ya que era una roca que se cortaba y labraba con facilidad. Debido a la explotación durante siglos de la roca arenisca, se han creado unos cortes en línea recta, que le dan a este enclave un singular aspecto. En uno de los cortes, se ve la cueva o gruta donde solía refugiarse el famoso bandolero Juan Caballero.

En lo referente a la vegetación hay entre otras especies acebuches silvestres, almendros, retama común, y frondosas macollas de palmitos.

Respecto a la fauna es frecuente ver al búho real, buitre leonado, jilgueros, etc.

 

Es uno de los testimonios de un paisaje fosilizado, fuertemente humanizado hasta décadas recientes, en el que podemos encontrar la presencia de una importante infraestructura agraria de subsistencia (eras, corraletas, campos de cultivos), que permitía obtener cosechas en unas condiciones extremas.

Está ubicada en el límite natural y administrativo de Estepa y Gilena.

 

Este paraje forma parte de la Sierra del Becerrero, y está declarado Conjunto Serrano de Interés Medioambiental.

El camino que bordea la finca, conecta los dos accesos a la misma, el Manantial de Roya en la parte baja, con carretera de Gilena en la parte alta.

A lo largo del sendero, hay varios miradores naturales que ofrecen unas excelentes panorámicas de Estepa y de la comarca.

 

El Manantial de Roya se encontraba en el interior de un caserío, quizás debido al carácter privado del ojo. El agua potable en estas latitudes siempre ha sido un bien preciado por escaso, y desde la época santiaguista se pagaba el agua que se retiraba.

El agua del ojo es conducida a una Fuente que aparece adosada a la falda de la sierra, que hace las funciones de terraplén y que recoge el agua que emana del “ojo” que va a parar al aljibe, y una vez alcanzado brota por un caño. En una de las piedras de la fuente, está labrada la fecha de 1733, también aparece la fecha de 1842, que pudo ser la fecha de traída del agua de Roya a la ciudad, y de la construcción de la fuente actual.

 

Se encuentra entre los términos de Estepa y Pedrera y tiene dos cumbres, de 783 y 724 metros de altitud.

 

Está localizada entre la Sierra de la Cruz, el Cerro del Chichón y La Roda de Andalucía, al oeste de la A92, y constituye un claro ejemplo de olivar adehesado, de escasa producción.

También en este entorno se ubica el Cortijo de La Algaidilla, que perteneció a la familia Sánchez Pleités, marqueses de los Soidos y Frómista.